
San Francisco de Macorís: la ciudad que protesta porque el Estado llega tarde
✍️ Marcos Williams
SAN FRANCISCO DE MACORÍS no hace huelgas por deporte, ni por costumbre folclórica, como algunos intentan vender desde escritorios lejanos. Esta ciudad protesta porque durante años ha aprendido una lección dura: cuando se reclama en silencio, casi nadie escucha; cuando se paraliza, entonces aparecen funcionarios, promesas y operativos.
La más reciente jornada de huelga vuelve a poner sobre la mesa una verdad incómoda para el Gobierno central y también para las autoridades locales: San Francisco de Macorís sigue cargando una larga lista de obras prometidas, anunciadas y retrasadas.
Las mismas exigencias, año tras año
El patrón se repite con precisión casi burocrática. En 2022 se convocaban protestas por puentes, aceras, contenes, acueductos y electrificación. En 2025 y 2026, la agenda seguía incluyendo asfaltado de barrios, aceras y contenes, circunvalación, carreteras, la plazas de la cultura y obras comunitarias.
Eso revela algo grave: el problema no es una obra aislada, sino un modelo de gestión incapaz de cerrar compromisos en tiempo razonable.
Cuando una ciudad pide durante varios años lo mismo, no estamos ante una “exigencia exagerada”; estamos ante una falla estructural del Estado.
Avenida de Circunvalación de San Francisco de Macorís
Pocas obras reflejan mejor la frustración ciudadana que la Avenida de Circunvalación de San Francisco de Macorís, presentada durante años como una solución estratégica para descongestionar el tránsito, dinamizar el comercio y mejorar la conexión regional. Su terminación fue ofrecida para el primer trimestre de 2024, pero el calendario avanzó y la obra continuó sin concluirse en el tiempo prometido. Cada retraso no solo afecta la movilidad urbana y el transporte de mercancías, también golpea la credibilidad oficial. Cuando una infraestructura clave pasa de anuncio en anuncio sin fecha definitiva, deja de ser solo una obra atrasada y se convierte en símbolo de incumplimiento estatal.
Militarizar no sustituye gobernar
Cada vez que se anuncia una huelga en San Francisco de Macorís, aparece otro libreto conocido: refuerzo policial, militares, equipos antimotines, patrullaje intensivo. Las autoridades lo justifican como prevención. La ciudadanía lo interpreta muchas veces como respuesta cosmética.
La seguridad es necesaria. Nadie serio defiende el caos. Pero la militarización no asfalta calles, no termina avenida, no construye puentes ni resuelve drenajes.
Enviar tropas donde debieron enviarse ingenieros y cronogramas es administrar síntomas, no causas.
El gobierno central: anuncios sin cierre
El Gobierno ha impulsado proyectos importantes en distintos puntos del país. Pero en San Francisco de Macorís persiste la percepción de lentitud, promesas parciales y ejecuciones fragmentadas. Esa percepción no nace de la oposición política; nace de obras que tardan demasiado en convertirse en realidad visible.
Un gobierno no se evalúa solo por lo que inaugura, sino también por lo que deja esperando.
Las autoridades locales tampoco escapan
Sería cómodo culpar únicamente a Santo Domingo. Error. El liderazgo de la ciudad también debe responder.
La gobernadora, el Senador, los diputado, son actores políticos locales que tienen la obligación de articular prioridades, fiscalizar avances, transparentar gestiones y defender una agenda común para la ciudad. Con demasiada frecuencia, la política local se divide entre discursos, protagonismos y silencios estratégicos, este ultimo muy utilizado por los diputados.
Cuando una ciudad necesita huelgas constantes para mover expedientes, también hay déficit de representación local en el plano nacional.
El costo invisible de cada paro
Aunque muchas huelgas nacen de demandas legítimas, también generan pérdidas reales: comercio detenido, clases suspendidas, miedo ciudadano, deterioro de la imagen económica ante las grandes cadenas comerciales y tensión social. Lo que se pierde en dos días no siempre se recupera en una semana.
Por eso el verdadero fracaso no es la huelga en sí. El verdadero fracaso es llegar a necesitarla.
San Francisco merece otro trato
San Francisco de Macorís es una ciudad productiva, dinámica, comercial, universitaria y políticamente activa, fruto de esta ultima tenemos uno de los tres senadores mejor valorados a nivel nacional y reconocimiento como una de las ciudades más limpia del país. No debería ser noticia por paros recurrentes, sino por expansión industrial, movilidad urbana, salud moderna y planificación regional.
Tiene capital humano, peso económico y voz social suficiente para exigir más.
Lo que debe pasar ahora
La salida no puede ser otra mesa de diálogo para ganar tiempo. Debe incluir:
- Cronograma público de obras pendientes.
- Fechas verificables y responsables identificados.
- Informes mensuales de avance.
- Priorización técnica, no electoral.
- Espacios permanentes con juntas de vecinos y sectores productivos.
Sin eso, la próxima huelga ya está en preparación, aunque nadie la anuncie todavía.
Con frecuencia, las autoridades responden a los reclamos de San Francisco de Macorís enumerando obras ejecutadas en distintos puntos de la provincia Duarte, como si ambas realidades fueran equivalentes. Aunque el municipio forma parte de la provincia, las demandas actuales se concentran en necesidades específicas de esta ciudad y sus comunidades. Una obra construida en el municipio de Arenoso no resuelve los problemas de infraestructura que enfrenta un residente del sector Los Toros, ni mejora de forma directa las carencias urbanas de San Francisco de Macorís. Sin embargo, se insiste en presentar cifras globales provinciales porque eso permite inflar el balance de obras terminadas o en proceso, desviando así la atención de los compromisos puntuales aún pendientes en el municipio cabecera.
Conclusión dura, pero necesaria
San Francisco de Macorís protesta porque siente abandono administrativo. Y mientras el poder responda con promesas temporales y operativos de contención, la historia seguirá repitiéndose.
La ciudad no necesita más discursos sobre paciencia. Necesita obras terminadas.



